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Derrames de petróleo tiñen la Amazonia peruana

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por Emiliano Rodríguez Mega – Las oficinas centrales de Petroperú, en Lima, han vivido días de poca tranquilidad. La Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), vocera de los pueblos indígenas locales, ha organizado protestas y establecido un plantón frente al edificio de la empresa estatal a la que acusan de ser responsable de las fugas que liberaron 3.000 barriles de petróleo, unos 477.000 litros, en varios ríos de la Amazonia peruana.

Los representantes de las comunidades indígenas atribuyeron a la falta de mantenimiento del Oleoducto Norperuano los dos accidentes ocurridos el 25 de enero y el 4 de febrero. Scientific American consultó a la empresa al respecto, pero no recibió respuesta. El crudo derramado en el departamento de Loreto, al norte del país, ha contaminado al menos 30 kilómetros del río Chiriaco y se ha extendido hacia el río Marañón, uno de los principales afluentes que alimentan la cuenca del Amazonas.

La zona posee grandes bloques de bosque tropical intacto y se considera una de las más biodiversas de toda la región, pero los científicos concuerdan que hasta ahora resulta imposible calcular el impacto real del derrame.

“La amazonia peruana es tremendamente compleja y diversa, pero es una parte del mundo de la que no sabemos mucho”, dice Clinton Jenkins, biólogo de la conservación del Instituto de Investigaciones Ecológicas, en São Paulo, Brasil. “Conocer los impactos biológicos es difícil porque tenemos muy poca información de lo que hay ahí, para empezar”.

Esta no es la primera vez que la selva amazónica de Perú se ve amenazada por la explotación de hidrocarburos. Y probablemente no será la última. Desde 2011 se han registrado al menos 20 emergencias como consecuencia de fallas en las tuberías del Oleoducto Norperuano.

Este desastre es el ejemplo más reciente de una historia de accidentes que han teñido la amazonia de negro y ocurre a menos de un año de la liberación de 370.000 litros de petróleo, también en Loreto. “Es un problema sistémico”, dice Jenkins. “Estos derrames ocurren de manera regular y las repercusiones no van a desaparecer fácilmente”.

En entrevista con el periódico peruano El Comercio el ministro de Ambiente, Manuel Pulgar-Vidal, señaló que restaurar la flora y fauna de las áreas afectadas demorará un año. Pero algunos científicos permanecen escépticos. Tony Mori, botánico peruano especialista en flora y vegetación amazónica, piensa que las acciones de remediación pueden no ser suficientes para revertir el daño. “Situaciones como esta tienden a destruir paisajes naturales por completo y alterar procesos básicos en la plantas, lo cual afecta a la fauna que depende de ella como fuente de alimento”.

El gran peligro, según él, es que el petróleo llegue a la zona más baja de Loreto, donde grandes extensiones pantanosas de palmares constituyen uno de los almacenes de carbono más importantes en la región. De dañarse, dejarían de capturarlo y una gran cantidad de dióxido de carbono podría ser liberada a la atmósfera al descomponerse la vegetación.

Impacto en los habitantes y la fauna

Aún no se evalúa el efecto del desastre en la fauna silvestre, pero investigaciones recientes dan pistas sobre cuál podría ser su alcance real. En 2014, Antoni Rosell Melé, químico ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona, documentó por primera vez que los tapires y otras especies de mamíferos ingieren suelos y aguas contaminadas con compuestos de petróleo en áreas de la amazonia peruana directamente dañadas por vertidos de crudo.  “Los ecosistemas amazónicos son pobres en nutrientes y para superar ese déficit los animales buscan salitrales naturales”, dice Rosell Melé. “Pero algunos vertidos de petróleo también pueden funcionar como salitrales antrópicos porque el agua extraída de los yacimientos petroleros es extremadamente salina pues ha ido disolviendo las rocas del subsuelo durante años”, agrega.

Muchos de esos animales también son cazados por las comunidades indígenas de la región. Solo dentro de Loreto existen 500 territorios indígenas y cinco reservas para pueblos en aislamiento voluntario que han rechazado cualquier contacto exterior. “Ahora es muy probable que no tengan peces o animales terrestres para alimentarse, ni agua dulce para beber”, dice Mori.

De igual manera, el ingreso económico de las familias de la zona podría verse afectado. En una conferencia realizada el pasado 24 de febrero en Lima, Edwin Montenegro, presidente de la Organización Regional de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Norte del Perú (Orpian-P) dijo que “las comunidades que tienen [parcelas] en las orillas [del río] venden sus plátanos. Ahora que está totalmente dañado, ¿dónde lo van a vender? Nadie va a querer comprar plátano ahí. Está todo contaminado”.

Petroperú aseguró en comunicados oficiales que ha enviado personal capacitado para controlar la contingencia y que contrató a pobladores indígenas para ayudar en los trabajos de remediación. Algunos de ellos ya han comenzado a enfermarse. Montenegro indicó que ha aumentado el número de personas con dolor de cabeza, vómitos, diarrea y ronchas. El Seguro Social de Salud, además, movilizó médicos y enfermeras a Imaza, una de las zonas afectadas, en respuesta a los casos de dermatitis alérgica, faringitis, bronquitis y gastroenteritis que se han registrado tras los trabajos de contención y recolección del crudo vertido.

Riesgo en áreas protegidas

Los derrames también podrían empeorar la situación en que se encuentran varias áreas protegidas que han sido contaminadas con petróleo en años recientes, como la reserva natural Pacaya Samiria, una de las más grandes de Perú. A pesar de su estatus, las actividades extractivas en el país suramericano solo están prohibidas en los parques nacionales, la más alta categoría de protección.

“Toda la Amazonia es un gran lote petrolero”, alerta Patricia Álvarez Loayza, ecóloga y coordinadora regional del Parque Nacional del Manu para la Red TEAM, asociación internacional que monitorea ecosistemas tropicales. “Según la ley peruana, los subsuelos le pertenecen al estado; si hay petróleo en un área protegida, se explotará”. De hecho, Jenkins ha publicado en la revista PLOS ONE que hasta 2008 los lotes petroleros invadían las fronteras de 20 áreas protegidas destinadas a conservar la biodiversidad.

Aunque el Organismo Supervisor de la Inversión en Energía y Minería de Perú (Osinergmin) aún no ha tomado acción contra Petroperú por los recientes derrames, el pasado 18 de febrero sancionó a la empresa con una multa de $3,6 millones “por no haber adecuado sus instalaciones para mantener la integridad del oleoducto”.

Para varios especialistas, esta medida confirma que la causa de los derrames podría ser una falta de mantenimiento en las instalaciones y no un desplazamiento del terreno, como ha declarado Petroperú.

“La infraestructura [del oleoducto] fue diseñada para durar de 20 a 30 años, no 40 o 50”, puntualiza Bill Powers, ingeniero petrolero de E-Tech International, una firma de consultoría ambiental con sede en Estados Unidos, y quien ha analizado las prácticas de extracción en Perú durante años. “La cuestión principal es que el oleoducto está viejo y gastado, el paisaje por donde pasa es casi inaccesible y las tareas de monitoreo y reparación no son una prioridad. Habrá más derrames”.

Pero Jenkins no está convencido de que deba ser así. “Tenemos la tecnología para evitar la mayoría de estos [derrames]”, sostiene.  La oportunidad de hacerlo podría estar cerca ahora que los precios del petróleo han bajado y la industria ha entrado en una pausa temporal. “Es el momento de hacer un mejor trabajo y desarrollar mejores políticas antes de que los precios suban de nuevo”, concluye.

Publicado en la edición en español de Scientific American, 1 marzo 2016, aquí …

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